Escarleth

Mi nombre es Escarleth C.O. y, aunque el título dice que soy urbanista y arquitecta, la verdad es que desde siempre he estado más ocupada diseñando mundos emocionales que edificios funcionales. De niña le contaba a mi mamá que soñaba películas completas —con guion, personajes, banda sonora emocional y todo— como si tuviera un pequeño cine interno en permanente función. Spoiler: lo sigo teniendo.

Mi entrada al mundo de las historias fue tan intensa como torpe: poesía en la adolescencia (sí, esa etapa), fanfiction en los años de exploración (no me arrepiento de nada) y, eventualmente, la creación de mis propios universos. Así nació Hijos del Invierno, una saga que empezó como historia de romance y misterio, pero que pronto me di cuenta que era algo más: una manera de narrar los inviernos emocionales que todos, en algún punto, atravesamos.

No escribo porque me sobre el tiempo —spoiler 2: no me sobra—, sino porque si no lo hiciera, mi mente colapsaría con tanto personaje pidiendo turno. A veces creo que no los invento, que ya existen en otra dimensión y solo usan mi cabeza como canal. Yo solo los transcribo, como buena secretaria del drama ajeno.

Como arquitecta, tengo una relación casi poética con los espacios. En mis libros, los lugares no son decorado: una casa puede decir más de un personaje que cualquier diálogo, y una montaña puede ser tan reveladora como un “te amo” mal dicho. Me obsesiona la atmósfera, y eso lo aprendí leyendo a Zumthor… y sobreviviendo a mis propias mudanzas emocionales.

Mis influencias literarias son tan variadas como mis playlists: van desde la elegancia aguda de Jane Austen —que sabía decir mucho con un solo gesto—, hasta la frescura ingeniosa de Julia Quinn, que me enseñó que el romance también puede tener ritmo, ironía y chispa. Isabel Allende me recuerda que lo íntimo y lo político pueden ir de la mano sin perder belleza ni alma. Y sí, también tengo una debilidad por el misterio, el periodismo narrativo y esas sagas que se disfrazan de ficción mientras te sacuden como si fueran verdad —porqué tal vez lo son—.

Hijos del Invierno es solo el inicio. Este blog es el lugar donde todo se expande: el universo, los personajes, y también las emociones que compartimos quienes leemos con el pecho abierto.

Gracias por estar acá. Por leer, por quedarte, por cruzar este invierno conmigo. Que este espacio sea también un refugio para ti. Y si no, al menos que encuentres una buena historia y una taza imaginaria de chocolate caliente esperándote al final.

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